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Viceversa
No importan demasiado las circunstancias (cuándo, dónde, cómo). La protagonista de esta historia, una cucaracha, se vio repentinamente transformada en un ser humano. Como primer hallazgo de su novel actividad racional, advirtió que, a pesar de todo, la sensación no era tan distinta... ¿Habría cierta afinidad entre la existencia de un insecto y la de una persona? Quizás. Poco después notó, al entrar en contacto con otros de su misma especie (es decir, mamíferos bípedos), que varios frutos o 'muestras' de aquella actividad racional eran exteriorizados con el fin de acercar a estos individuos y dar coherencia a la manada (o al 'todo social'). Un medio sonoro parecía ser el más cotidiano de los ropajes adoptados por tales exteriorizaciones; asimismo, la vista y todo lo que ella capta y transmite. Lo táctil, lo olfativo y lo gustativo -concluyó- estaban relegados a un segundo plano: ¡qué desperdicio!
Algo, sin embargo, lo incomodaba. ¿Para qué cargaban estas extrañas y absurdas criaturas con el peso adicional que representa la conciencia de sus actos? De momento a otro se encontraba intercambiando ideas con un par, y no dejaba de preguntarse: ¿con qué objeto? ¿Es verdaderamente necesario? Cuando cucaracha, uno actúa; y ello sin siquiera saberlo. Y aún así los propósitos más inmediatos e impostergables (autoconservación, alimentación, procreación, etc.) son logrados de todos modos. ¿No son éstos, en realidad, propósitos compartidos por ambas formas de vida (y por todo cuanto integra el universo)? La diferencia tal vez no sea más que de grado. Pero ya que el hombre es el lobo del hombre (con perdón del pobre lobo), y es el único que acaba con sus propios congéneres aduciendo motivos ni siquiera referidos a lo alimentario o a lo instintivo, se vio inevitablemente condenado a crear los más vastos, complejos, monstruosos artificios -el lenguaje, la cultura, la moral, el arte- (de perniciosidad sutil y a largo plazo, debe decirse) para que la gente no quiera matarse entre sí, sino unirse y atender de buena gana a un bien común... ¿Habrán dado resultado? Pero, otra vez, la diferencia es tan sólo de grado. Así como el humano, la cucaracha tiene sus 'códigos'. Ya estaba experimentando un singular hastío debido a la metamorfosis, por lo que anheló regresar cuanto antes a su primitiva naturaleza. '¡¿Qué habré hecho para merecer esto?!', pensaba. '¡Maldita y abominable humanidad! ¡Cruel paradoja que, tarde o temprano, devendrá angustia y dolor hasta hallar un punto cúlmine en el castigo mayor: la muerte!' Por fin, su deseo fue concedido: el de huir de lo humano (demasiado humano) y los humanos, para jamás retornar. No podía sentir nostalgia por un pasado mejor, toda vez que lo que de él conocía era casi nada (el conocimiento es algo que un insecto rara vez cultiva). Un día cualquiera, sin importar cómo ni por qué, un hombre la aplastó y la mató, sin vacilar ni lamentarse. Un ejemplar perteneciente a la especie a la que alguna vez ella misma había pertenecido. Era -no quepan dudas- predecible. Como una cucaracha... Como si lo ínfimo y penosamente repugnante de toda la escena fuera a redimirla de alguna manera. A F. K. | |
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